Empezamos
la ruta por el final, en el pueblo de Camijanes.
Allí, junto a la central hidroeléctrica, hay una preciosa cascada. Nos quedamos un buen rato
para disfrutarla, descansar y tomar el almuerzo de media mañana con el ruido
del agua de fondo.
Después
hicimos el recorrido siguiendo el curso del río Nansa hasta Muñorrodero. Es una senda muy
tranquila y casi llana, muy bien señalizada. Camina uno bajo un bosque de
ribera, con fresnos, sauces, avellanos y otros árboles, siempre cerca del agua.
Por el camino cruzamos pasarelas de madera, bajamos y subimos algunas escaleras
de piedra y madera, y vimos los antiguos puentes que usaban los pescadores para
cruzar de una orilla a otra. Esta senda también forma parte del Camino
Lebaniego, así que a veces se ven las señales de los peregrinos.
Al
terminar, nos esperaba una parada que ya es de casa: comimos en el parque de Muñorrodero, un sitio que
conocemos bien y donde siempre lo pasamos genial. Con las fuerzas recuperadas, volvimos al cole.
Fue
un día para aprender, caminar y disfrutar de la naturaleza todos juntos.
Si queréis ver las fotos, pinchad aquí.

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